Capellán de Gendarmería: “Un blanco no va a la cárcel, un moreno sí”

En entrevista a un medio de comunicación, el P. Luis Roblero se refirió a los últimos procesamientos de gendarmes por golpear a reos, situación que, a su juicio, tiene su origen en la violencia que generan las malas políticas públicas, la deficiente formación de quienes deben trabajar en las cárceles y la inexistente política de reinserción.

 
Lunes 18 de Enero de 2016
En conversación con Radio Universidad de Chile, el también Director de la Pastoral Carcelaria de Caritas Chile, se refirió a la situación al interior de las cárceles del país, luego que la semana pasada se formalizaran a once gendarmes del penal Santiago Uno acusados de golpear a ocho reclusos en abril del año pasado, lo que se suma a los funcionarios de la fuerza carcelaria que fueran condenados en 2015 por similares delitos en la cárcel de Rancagua. Reproducimos la entrevista.

Para el padre Roblero, una de las razones que explican que se generen este tipo de situaciones en los centros de reclusión del país, tiene que ver con la violencia que tienen los reclusos y que traen desde sus propias entornos de vida, el que se origina, asegura el sacerdote, en las malas políticas públicas que finalmente, humillan a las personas y les dejan sólo la violencia como respuesta.

Desde su punto de vista, ¿qué es lo que se revela con la reciente formalización de once gendarmes de Santiago 1 acusados de golpear a ocho reclusos en abril pasado, y que se suma a las condenas en contra de 18 gendarmes por delitos de tormentos y apremios ilegítimos en Rancagua?

Creo que, al menos, hay tres problemas: el primero es que tenemos una población carcelaria bastante violenta, eso no lo podemos negar. El usuario de la cárcel es una persona, normalmente, que es la gente que está involucrada en riñas, en peleas y cosas así, provienen de mundos muy violentos, han nacido con la violencia, traen la violencia incorporada como un modo de vida, y esa violencia que traen de la calle la llevan dentro de los penales. No es muy distinta la violencia que hay dentro de los penales a la violencia que hay fuera. La distinción es que adentro se agudiza, se maximiza por el hacinamiento y ese tipo de cosas. Eso te lo puedo decir con harta propiedad porque nosotros la Iglesia Católica tenemos un observatorio de violencia con la Universidad Diego Portales, y llevamos dos años, pero el primer año fue de rodaje, y este año 2015 fue donde ya empezaron los primeros informes, y por supuesto es muy temprano para cualquier conclusión, pero lo que vemos al analizar a las personas que habitan en las galerías de la Penitenciaría, por ejemplo, es que son personas que vienen con unas cargas de violencia enormes, se disputan territorios, se disputan celdas, las cosas se zanjan con sable en mano, con cuchillo en mano, y yo doy fe porque estoy ahí todo el día. Hace dos semanas atrás degollaron a uno, lo tiraron para abajo de la galería, y se armó una batalla campal, murió otro. Entonces, la primera toma de conciencia urgente, y eso no lo veo en el mundo político, es que nuestros barrios y nuestras poblaciones, por supuesto no todas, porque no quiero estigmatizar a nadie, porque a la raíz de esto están todas las inequidades de nuestra patria, tenemos sectores muy violentos, y esa violencia se lleva para dentro.

¿A qué responde esta violencia?


Con toda la responsabilidad del mundo, te digo que la mala política engendra mala vida en la gente. Entonces no me pidan a mí que una persona que tiene que hacer unas colas interminables en un hospital público, en una municipalidad, en un consultorio, que recibe una educación avergonzante, en el fondo lo que destapó el año 2015, ese año Chile se sinceró, y nos dimos cuenta de que Chile era un país mucho más mediocre de lo que todos queríamos que ese país fuera. Estábamos tan preocupados de la imagen de Chile, te has dado cuenta cuando ocurre y salta todo el mundo diciendo “pero cómo, la imagen del país va a quedar mal”, bueno estábamos tan preocupados de la imagen que no nos dimos cuenta del fondo. Es cierto que el país ha crecido, ha avanzado, que hay muchas cosas notables, pero es avergonzante la brecha que existe entre lo que podríamos hacer con los recursos que tenemos y lo que estamos haciendo. Una mala política, que es a lo que estamos asistiendo, una mala política engendra malas políticas públicas, engendra malos controles y ahí tienes las colusiones y todas las vergüenzas que estamos descubriendo hoy día, engendra políticas distintas para blancos y para morenos, un blanco no va a la cárcel y un moreno sí va a la cárcel, y es así de simple. También engendra políticas, para hablar de mi propio boliche, que también no se condicen con el evangelio. La Iglesia Católica también ha tomado conciencia que no hemos estado a la altura de que lo que predicamos desde el púlpito no lo ponemos tampoco en la práctica, y ahí está el caso Karadima, y hay muchos otros casos que han sido verdaderamente avergonzantes, también.

Entonces creo que hay una reflexión ética no menor que Chile se tiene que hacer, y esto lo intentamos con los presidentes de los partidos políticos a mitad de año, a propósito de la canonización del Padre Hurtado, de los diez años, pero claro, en las capas políticas superiores todos de acuerdo que aquí tenemos que mejorar la ética política, pero claro, cuando tú bajas a las capas inferiores ya no todos están de acuerdo.

Entonces, una mala política que es a lo que estamos asistiendo hoy día, con esto no quiero ser apocalíptico ni decir que no hay nada qué hacer, pero creo que si Chile no toma conciencia que su mala política se traduce en muerte física, muerte de gente que yo he tenido en mis brazos, esto no lo vamos a poder solucionar.

¿Cuáles son los otros elementos que explican el maltrato de parte de los gendarmes a los reclusos?

El segundo elemento tiene que ver con una formación de nuestros gendarmes. Creo que eso es urgente. Soy consciente de que se están dando pasos grandes, que se está trabajando fuertemente en una reestructuración de la Escuela de Formación de Gendarmería, tanto para los oficiales como para los suboficiales. Que hay un interés muy fuerte de parte de la ministra Javiera Blanco, y de parte del director nacional don Tulio Arce, en generar, de hecho ya se presentó en el Ministerio de Educación, una malla curricular que logre, yo diría formar en un arte que es tremendamente difícil, como el contener a un usuario complejo, y cómo también ser un agente estatal capaz de producir restauración en esa vida humana. Se ha trabajado fuerte, pero todavía, lamentablemente como en todas las partes del mundo, lo malo pesa más que lo bueno, y siempre lo bueno es mucho más que lo malo, pero lo malo tiene más peso. Todavía tenemos gente que golpea mucho, que maltrata mucho, que oculta los malos tratos. Yo soy consciente que la política de Gendarmería es destapar absolutamente todo, ventilar, hacer los sumarios que corresponden, llevar a la Fiscalía lo que corresponde, pero creo que todavía tenemos dentro de Gendarmería redes de protección que impiden que haya una verdadera fiscalización de lo que ocurre. Ahora, yo quiero ser justo con mi gente, y con la gente que yo quiero mucho, como te digo, los malos pesan más que los buenos. La gran mayoría de los funcionarios de Gendarmería se apegan a la norma, trabaja como todo ciudadano, hace su pega, la trata de hacer lo mejor posible, pero por supuesto que también hay otros funcionarios que se aprovechan de la situación, si pueden sacar una tajada.

El golpear a un ser humano va de la mano con un alma corrupta. Ningún ser humano golpea a otro en la cabeza o lo reduce a palos, si es que tú no tienes un problema interno fuertísimo, y si no tienes un alma que está corrompida. Va de la mano. Un gendarme que ve una trifulca y que no golpea sino que reduce, o como está permitido reducir, porque el otro hombre va armado, ese hombre tiene un orden espiritual humano, valórico interno. Un gendarme que golpea y que le revienta el palo en la cabeza a un interno, bueno esa es una persona que tiene serios problemas psicológicos, y serios problemas de corrupción, y que siente que no debería existir absolutamente ninguna excusa para eliminarlo, definitivamente, de la institución, porque un servidor público, antes que todo, es un servidor del bien común, ese es el segundo gran tema que tenemos.

El tercero es que no tenemos una política clara de reinserción. Yo lo encuentro una vergüenza. Sé que se está trabajando, sé que se le ha puesto empeño, sé que se han hecho mesas de trabajo. Me acuerdo de la ministra Patricia Pérez del gobierno anterior, muy interesada con el tema del género, de la mujer privada de libertad. La ministra Blanco muy interesada, ella viene de Paz Ciudadana, conoce estos temas, es su expertise y también donde tiene puesto su corazón, pero yo creo que nuestro país está distraído en otras temáticas, que son súper importantes, también, y por supuesto que en último lugar donde uno le metería inteligencia es una cárcel. O sea, es mucho más urgente meterle inteligencia a una Reforma Laboral, a una Reforma Tributaria, una Reforma de la Gratuidad, etc. Pero si uno solamente saca la fotografía, sin mirar intenciones, por supuesto que nosotros como Estado de Chile, y esto no es del gobierno actual, nosotros como Estado en nuestros años de historia, nunca hemos tenido una política de reinserción, para qué hablar de una política eficaz de reinserción. Ahora, mucha gente no cree en estas cosas, y muchas gente te dice: “Padre, si estos no cambian”. Nosotros tenemos un experimento en el óvalo (de la Penitenciaría), con 200 viejos de galería, y sí funciona. Y ahí trabajamos en conjunto el área técnica de Gendarmería, los oficiales de la Penitenciaría, la capellanía de Gendarmería, y estamos haciendo algo que efectivamente funciona, entonces cuando tú mezclas estos tres elementos: ausencia de una política clara de reinserción, o en otras palabras, no hay un discurso validado, porque cuando tú tienes una política es porque tú has validado algo y ese algo pasa a ser un imaginario compartido por todos. Tienes una formación todavía pobre de nuestra gente, de nuestros chiquillos gendarmes que son encantadores, pero tienes una formación pobre para una misión terriblemente compleja, y por otro lado tú tienes un usuario que es complicado, entonces todo esto hace un cóctel que termina, finalmente, en situaciones de violencia dentro de los penales, de abusos de parte un agente del Estado, contra una persona privada de libertad que está bajo su custodia, y pasa lo que pasa, como en Santiago uno, o como en Rancagua, o como en muchos otros lugares.

Usted planteaba hace un tiempo que en las cárceles es donde se tiene encerrada a la pobreza.

Yo creo que lo primero que tenemos que hacer es que las cárceles se hagan más porosas, no para que se nos escapen los presos, pero sí para que la sociedad tenga mayor conocimiento de las atrocidades que ocurren dentro de una cárcel. La cárcel como todo espacio cerrado, es una cárcel que está muy poco sujeta al escrutinio público. Mientras más cerradas las cosas, menos control externo hay, entonces en las cárceles tú puedes tener una pobreza enorme en las galerías, batallas campales dentro de las galerías, gente que se muere dentro de las cárceles por enfermedades que si hubieran sido bien diagnosticadas, y atajadas a tiempo, probablemente la persona no se habría muerto. Tenemos sistemas de sometimiento entre internos que uno dice, “cómo es posible que esto pueda ocurrir”. El jefe de la galería, por poner un ejemplo, vive solo en una celda, y el que no es jefe de una galería -el “perkin”- ese tiene que compartir su celda con otras diez personas. Uno dice, dónde están los gendarmes, pero no es tan fácil, no se trata sólo de meter más gendarmes a custodiar y a repartir mejor la torta, sino que creo que hay una gestión penitenciaria, y una expertise penitenciaria para saber cómo lidiar con públicos complejos, que hoy día Chile no la tiene.

Entonces, por supuesto que es mejor invisibilizar. Mejor, no ver aquello que evidencia que hay algo que no estamos, y algo que también habla muy feamente del alma de Chile. Vuelvo al 2015, porque antes la gente te escuchaba y te decía: “Padre, no le ponga tanto color, como usted es curita”, y por ahí te ridiculizaban, pero el 2015, a nosotros nos dejó en evidencia, fuertemente que tenemos un doble estándar enorme los chilenos. Y ese doble estándar termina generando dolor, generando muerte de la gente más pobre, y eso por supuesto lo invisibilizamos. Y los que lo invisibilizamos somos los que tenemos mayores privilegios.

Este 2015 se dieron a conocer situaciones como las colusiones de distintas empresas, escándalos de financiamiento irregular de la política, pero también se le dio mucha espacio mediático a delitos como los portonazos. ¿A su juicio, sigue existiendo estigmatización de la pobreza asociándola con delincuencia?

Lo primero es que la delincuencia la tenemos que parar, y eso es algo que nuestro país lo tiene complicado y lo tiene atrapado, y tenemos que detener a la delincuencia tenemos que detenerla en los barrios altos y en los barrios bajos, en estos barrios hay seis veces más delincuencia que en los altos. Es un tema que mantiene atemorizada a la ciudadanía, a nuestros niños, es una sensación de inseguridad que sí, algo tiene que ver la prensa, que agranda las cosas, pero yo no sería tan simple en ese análisis e iría, más bien a que efectivamente la ciudadanía nos está diciendo que aquí hay un tema que los tiene complicados y que no saben muy bien cómo se ataja. Tenemos niveles de violencia fuertes. En las poblaciones hay unos niveles de violencia altísimos, y esto tiene un acelerante muy jodido que es la droga. Entonces, todos estos cabros que andan con los portonazos y que se llevan los autos, y que van los niños arriba de los autos, ahí de por medio también está la droga, la persona que está bajo los efectos de la droga. La delincuencia es un tema súper jodido, súper real y verdadero. Yo no le bajaría ni un milímetro la gravedad al tema. Sin lugar a dudas.

La pregunta que uno se hace es cómo se ataja, y cómo uno termina comprendiendo que la delincuencia no solamente tiene que ver con un perico que quiere ganar plata rápida, sino que la delincuencia se empieza a engendrar desde antes de nacer, cuando tú vives en la marginalidad, en la pobreza, en el abandono y cuando la violencia es parte de tu vida y tu historia, entonces el tema no tiene que ver con minimizar, sino con buscar políticas eficaces no de corto plazo, aquí nos juega muy en contra esto de que los gobiernos sean de cuatro años. Te voy a poner un ejemplo: el globo aerostático que pusieron arriba del puente La Dehesa. Yo paso por ahí y me da una vergüenza espantosa. Y una persona que vive en La Dehesa, no en la población Juan Pablo II, me dice: “Para mí la vergüenza más grande es que este globo no está para proteger a los de la población Juan Pablo II, que es la población que está enfrente, sino que está para proteger a los que vivimos en La Dehesa”. Y de alguna manera, la señal que tú estás dando con eso, es que la Juan Pablo II es un nido de delincuentes, y que tú estás estigmatizando a toda una población. Entonces, nos vamos con estas políticas híper populistas que al ojo del transeúnte que pasa por ahí, ve este globo se siente más seguro, valora ese tipo de políticas que podrán tener algún efecto, pero el tema definitivo, de largo plazo ciertamente no pasa por ahí. Ese es un acto populista, para la televisión, los votos, la reelección de la municipal que viene ahora. Pero si nosotros queremos tener un país pacificado, tenemos que tener personas pacificadas. Un niño que crece en un barrio sencillo, que tenga sus luminarias, que tenga sus parques, que tenga sus áreas verdes, su escuela, que el padre pueda ganar un sueldo justo, digno para poder vivir, evidentemente que es una familia de un niño que crece con paz en el interior. Un niño violentado por la pobreza, esto el Papa en la encíclica Laudato Sii lo dejó muy claro, está todo interconectado. Un niño que está violentado por la pobreza es un niño que violenta, lamentablemente, a otros también.

Fuente: Comunicaciones Pastoral Social Caritas
Santiago, 18-01-2016
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