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Una invitación a Reflexionar en Semana Santa

Mons. Juan Luis Ysern, nos invita a meditar sobre las dificultades de los últimos días

 

Con ocasión del terremoto y del maremoto hemos experimentado diversas actitudes referentes a la presencia de Dios a quien llamamos “El Dios de la Vida” o también “El Dios con nosotros” y del que decimos que es “Amor” 

Algunos se lo han planteado como pregunta: ¿Es, de verdad, Dios de la Vida?. ¿Está con nosotros?. ¿Dios es Amor?... ¿Cómo entender todo esto?, ¿Dónde está ese Dios? 

Siempre resulta difícil entender el misterio de la Cruz. Nos parece algo inaceptable, ¿Para qué tanta sangre y esa muerte tan injusta de Cristo?. Sin embargo, los criterios de Dios son totalmente distintos a los nuestro y es, precisamente, a través de la Cruz cómo nos muestra el Señor que el amor es inmenso y que es más fuerte que la muerte. 

El Padre del Cielo nos quiere a cada persona, y nos quiere mucho. Por eso mismo nos envió a su Hijo muy amado, quien se hizo uno como nosotros y vivió con nosotros. Vivió nuestros mismos problemas. Pasó hambre, frío, fue calumniado, torturado y crucificado, pero nada de eso le hizo perder la intimidad de la comunión con el Padre ni la entrega total por nosotros. 

Cristo Jesús en todo momento se mantuvo en la intimidad profunda del amor con el Padre, con cuya voluntad se identificaba, viviendo el amor hacia nosotros por quienes su entrega fue total, hasta la muerte. Cristo murió para darnos la Vida de Resurrección.
Así pues, tener que pasar a través del sufrimiento y de la muerte no es porque Dios no nos quiere. Todos tenemos que pasar a través de la muerte. Puede ser a causa de un cáncer, de un infarto o de un terremoto. Lo que importa es cómo vivimos. 

Ciertamente, la muerte nos arrebata las cosas. Si la finalidad de nuestra existencia la hemos puesto en las cosas, siguiendo nuestro egoísmo, nuestro fracaso es rotundo. Pero si esas cosas las hemos puesto al servicio del amor con la vida del Resucitado, eso no nos lo puede arrebatar la muerte. Nuestra vida de justicia, de amor y de paz, se transforma en gloria con la felicidad del amor definitivo a Dios y a los hermanos que nadie nos podrá despojar. 

Pero este amor, aunque sea de forma imperfecta, ya lo podemos comenzar a vivir y de alguna manera ya se refleja en el corazón de las personas. En algunas más que en otras, según sean las decisiones de cada uno. La persona está hecha a imagen de Dios y, desde lo más profundo de su conciencia siente que hay que hacer el bien y evitar el mal. 

Incluso las personas que al ver el sufrimiento causado por el terremoto han pensado que no existe Dios, porque si existiera, dicen, no habría permitido tanto sufrimiento, también reflejan a Dios. De algún modo están diciendo que hay que hacer el bien, amando a todos y hay que evitar el mal y todo lo que hace sufrir. Están repitiendo lo que Dios les dice en su conciencia. Si no encuentran a Dios es porque lo buscan donde no está. Lo buscan fuera, en el ruido, y no se dan cuenta de que lo llevan dentro, en el silencio. 

Cuando el profeta Elías sestaba en la cueva del monte Horeb dispuesto a escuchar a Dios, vino un huracán que destrozaba los cerros y quebraba las rocas. Pero Dios no estaba en el huracán. Siguió un terremoto, pero Dios no estaba en el terremoto. Vino después un rayo, pero tampoco Dios estaba allí. Finalmente se sintió el murmullo de una suave brisa. Allí estaba Dios que habló a Elías (ver I Reyes 19, 11 – 13) 

Es necesario escuchar la suave brisa que sopla en el corazón para descubrir al Señor que llama Así lo hemos visto entre los mismos vecinos afectados que, muchas veces, sin conocerse se han ayudado mutuamente con gran espíritu de sacrificio y entrega. Lo hemos visto también en muchas personas mayores y profesionales, así como en una multitud inmensa de jóvenes que han actuado y siguen actuando con un gran corazón solidario lleno de generosidad y entrega incluso con sacrificio. 

Ojalá sepamos escuchar la voz de Dios y meditarla en nuestro corazón, como hacía la Virgen, para después cumplir la voluntad de Dios que siempre nos está llamando a construir una convivencia fraterna y solidaria donde todos participemos de la misma mesa sin dejar a nadie fuera.
 

 

 

+Juan Luis Ysern de Arce
Obispo emérito de Ancud – Vicepresidente de Caritas Chile

 

Otros momentos de reflexión preparados por el área de formación de Caritas

Sobre el dolor y el sufrimiento (44 KB, doc. word)
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La solidaridad, a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia (110 KB, doc. word)
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