NOTA DE BIENVENIDA 2016

El Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres (DIRD), que se conmemora cada 13 de octubre, celebra “la forma en que las personas y las comunidades están reduciendo su riesgo frente a los desastres”, promueve la sensibilización sobre la importancia de este tema  e insta a todos los ciudadanos y los gobiernos a dirigir esfuerzos para establecer comunidades y naciones más resilientes a los desastres.

La celebración del DIRD se inició en 1989, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas lo aprobó como una forma de promover una cultura global sobre la reducción del riesgo y aumentar así la conciencia sobre la necesidad de adoptar medidas y desarrollar acciones concretas en materia de prevención, mitigación y preparación, que contribuyan a disminuir las pérdidas de vidas humanas y de bienes materiales derivados de las emergencias y catástrofes.

Este año, el tema del DIRD es Vivir para contarlo: concientizando y reduciendo la mortalidad, apelando a la sensibilización para el desarrollo de acciones que reduzcan las pérdidas humanas a causa de los desastres.

En nuestro país, hemos constatado en múltiples oportunidades el impacto de las amenazas en el territorio y en las comunidades más vulnerables. Sismos, tsunamis, aluviones, erupciones volcánicas e incendios forestales, entre otros, sumados a escenarios de cambio climático y degradación ambiental, han generado daños y pérdidas significativas, siendo las más importantes las pérdidas humanas.

Las emergencias y desastres en parte son producto de una manera de habitar nuestro planeta y de relacionarnos como personas y pueblos. Afectan principalmente a las comunidades más vulnerables, excluidas y abandonadas, por lo que el imperativo humanitario se extiende en comprometernos con un tipo de desarrollo más humano, más inclusivo y fraterno, que garantice los derechos y la dignidad humana de toda persona.

Por ello, para reducir la mortalidad y para reducir el riesgo de desastres es imperativo acentuar el valor de las comunidades en los procesos de fortalecimiento y generación de capacidades para la reducción de riesgos de desastres. Esto se logra acentuando la participación de las propias personas y comunidades afectadas, promoviendo los vínculos y los liderazgos comunitarios, rescatando las prácticas y sabiduría de nuestros pueblos, intentando descubrir la vinculación que existe entre los fenómenos locales y las realidades estructurales y globales, en que ocupa un lugar fundamental la solidaridad entre nuestros pueblos, como la herramienta que puede contribuir a reducir riesgos, a abordar las emergencias y a construir un mundo mejor.

Este trabajo, también parte de una premisa básica: las comunidades tienen capacidades y habilidades que es necesario reconocer y que se deben potenciar y desarrollar. Las comunidades activas, que reconocen sus amenazas, que trabajan organizadamente para prevenir y reducir los riesgos que enfrentan, son un recurso que fortalecen a la sociedad en su conjunto y por tanto, es deber de las Instituciones y organizaciones apoyar, facilitar y acompañar estos procesos comunitarios.

Por ello, este 13 de octubre, las instituciones abajo firmantes renovamos nuestra presencia cercana, afectiva y promocional con y desde las comunidades locales, para facilitar la implementación de acciones coordinadas y coherentes que permitan reducir el riesgo y de esta manera reducir la mortalidad a causa de los desastres

  • Caritas Chile
  • Cruz Roja
  • World Vision
  • Academia Nacional de Bomberos
  • Red Humanitaria Internacional
  • Red de Ayuda Humanitaria Chilena
  • Red Global de Organizaciones de la Sociedad Civil para la Reducción de Desastres - GNDR
  • Oficina Nacional de Emergencias del Ministerio del Interior y Seguridad Pública (ONEMI)