Solidaridad efectiva y afectiva
En el marco de la emergencia generada por el terremoto y maremoto, el primer papel asumido por la Pastoral Social – Caritas ha sido dar respuesta eficiente a las necesidades vitales amenazadas: alimentación, agua, ropa, albergue, abrigo y útiles de higiene; servicio que se ha prestado junto al acompañamiento espiritual y anímico a las personas afectadas, con un trato digno y fraterno que acompañó por medio de una escucha activa sus sentimientos, emociones e historias. Esta ayuda fue de enorme importancia al complementar la respuesta de los organismos estatales y, en ocasiones, llegar más rápidamente a lugares donde no había mayor atención.
Estos alimentos y enseres han provenido principalmente de las donaciones solidarias de miles de particulares, empresas, instituciones e iglesias nacionales e internacionales, recursos que se enmarcan en campañas solidarias organizadas tanto desde la Pastoral Social Caritas como desde entidades asociadas con el respaldo de la institución.
Trabajo fuertemente concentrado entre los meses de marzo a junio, disminuyó progresivamente desde entonces debido a las menores necesidades y a la merma en la capacidad de captación de donaciones desde la Pastoral Social Caritas, concentrándose la ayuda en los meses siguientes sólo en algunos requerimientos específicos con la llegada del invierno.
Este trabajo de distribución de suministros de emergencia se vio favorecido por la presencia inmediata en terreno de los equipos locales de Pastoral Social Caritas, párrocos y otros agentes pastorales y ociales, quienes fueron capaces de articular las redes disponibles en todos los lugares donde era posible. Es así como, en términos de la primera respuesta, esde la Pastoral Social Caritas y a través de los centros de acopio y distribución en las diócesis, se conformó una red de entrega de alimento y enseres a través de unas 250 parroquias y cerca de 1.500 capillas en la zona de catástrofe y en vínculo con los municipios y organizaciones sociales de base, intentando responder de manera fluida y directa a los requerimientos de la población afectada en cuanto a alimentación, abrigo e higiene.
A la fecha, se han enviado cerca de 4.000 toneladas de alimentos y enseres varios (plástico, carpas, frazadas, ropa de cama, colchonetas, toallas higiénicas, pañales de niño y adulto, ropa, estufas, braseros, materiales de construcción, etc.) a diez diócesis de acuerdo a sus necesidades: Santiago San Bernardo, Melipilla, Rancagua, Talca, Linares, Chillán, Concepción, Los Ángeles y Temuco. En cada una de ellas, se estableció al menos un centro de acopio desde el cual se organizó la distribución de la ayuda hacia las comunidades, a través de parroquias, capillas, colegios u otras organizaciones comunitarias. En total, se estima que la Ayuda Humanitaria benefició a cerca de 800 mil personas.
En esta labor ha sido fundamental el trabajo voluntario y la ayuda fraterna de miles de personas en todo el país, quizás las réplicas más reconfortantes de todas las que han seguido al terremoto del 27 de febrero. Las campañas nacionales de ayuda humanitaria abrieron a todo el país la posibilidad de solidarizar con las zonas más afectadas por la catástrofe, a través de la recolección de dinero, alimentos y enseres, pero también y muy significativamente, con la oportunidad de desarrollar trabajo voluntario por parte de miles de personas de norte a sur. Estudiantes secundarios y universitarios principalmente, aunque también hombres y mujeres de toda edad, se movilizaron para recolectar, clasificar, cargar y distribuir las donaciones, trabajo que se realizó con gran intensidad y espíritu de servicio.




